Por si no fueran suficientes los cambios culturales a los que uno se ve sometido cuando decide emigrar a la Gran Bretaña, nos encontramos con el problema de los enchufes. Y además, no es sólo que éstos sean completamente distintos, sino que además muchas de las construcciones datan de épocas pretéritas en las que no se proyectaba una instalación eléctrica al edificar y las tomas de corriente no son tan abundantes como muchas veces nos gustaría. De hecho, al parecer es costumbre no tener conexiones a la red eléctrica en los cuartos de baño, según dicen por evitar accidentes (en efecto, querido lector, a mi se me quedó la misma cara). Por lo tanto, nuestros encuentros con los enchufes van a ser extraños y escasos, partamos de aquí.
Como esta gente ha ido casi siempre a lo suyo, sin mirar a lo que ocurría en el continente, suelen hacer muchas cosas contra natura, desde los sentidos de circulación de vehículos hasta los enchufes. Mientras que en el resto de Europa, las conexiones más comunes son las denominadas Schuko (abreviatura de Schutzkontakt, contacto de seguridad o más conocido como toma de tierra), que equivale al enchufe tipo F. También están muy extendidos los tipos E (aquellos que son planos) y E+F. En Inglaterra, sin embargo, tienen estandarizado el enchufe tipo G. Éste trae siempre incorporado un fusible de seguridad, normalmente de 13 A, y tiene tres pines de contacto, lo que obliga a los forasteros a utilizar adaptadores. No obstante, en un caso de emergencia podemos encajar un enchufe de dos pines ayudándonos de un lápiz introducido en el agujero superior para abrir la pestaña de seguridad, pero hacerlo siempre en presencia de un adulto.
Hoy en día, dada la dependencia que tenemos en tanto gadget con sus respectivos cargadores, los enchufes disponibles en nuestra habitación británica se nos van a antojar insuficientes, así que lo mejor es traer una regleta de enchufes de España y aplicar bricolaje básico.
En supermercados tipo Tesco, podemos encontrar clavijas inglesas con fusible, por menos de 80 peniques. Con esto, nuestra regleta, un destornillador, alicates y 2 minutos, podemos sobrevivir sin ningún problema al día a día bretón. En mi caso he utilizado una regleta de tres enchufes.

Cortamos el cable cerca del enchufe tipo E+F y desmontamos nuestra adquisición (la cual incorpora un pequeño esquema del cableado). Por el extremo, eliminamos parte de la funda de plástico y pelamos los tres cables, dejando unos 3 milímetros de cobre al aire en cada uno.
Tras esto, siguiendo las instrucciones del envoltorio del enchufe inglés, introducimos los cables en sus correspondientes terminales y apretamos los tornillos. Nos aseguramos también de pillar el cable principal a la entrada del enchufe, para evitar que se nos fastidie el invento ante un tirón inesperado. Tras lo cual debería quedarnos algo parecido a esto:

Ensamblamos la carcasa del enchufe y ya tenemos operativa la regleta, dejándonos libre un adaptador que podremos emplear en otro aparato.
