Por suerte o por desgracia, es en las situaciones en las que más tareas y trabajo tengo donde encuentro los momentos de mayor creatividad. Recientemente, en pleno sprint final hacia los exámenes, se me ha ocurrido la idea de lo que probablemente se va a convertir mi primera aventura empresarial. No podría haber sido más inoportuno, aunque me lo hubiese propuesto.
En lugar de centrar todos mis esfuerzos en terminar los trabajos que, no sin cierto retraso, tengo acumulados, la cabeza se me inunda de puestas en marcha, aspectos que tengo que atender, productos, estudios de mercado, estadísticas y seguimientos, planes para el futuro, etc.
Los detalles no van a ser expuestos por razones obvias, además que no son relevantes para el propósito de esta entrada (o serie de ellas, que nunca se sabe). Simplemente decir que se trata de un tipo de consultoría.
En cualquier caso, no es la primera vez que se me ocurre una idea de negocio. Ya siendo un impúber, de algún modo, siempre supe que acabaría siendo mi propio jefe. Es posiblemente por mi carácter cabezón, que me guste hacer las cosas a mi manera y la adicción a salidas esporádicas de mi zona de confort, que he imaginado mi futuro trabajando para mí mismo. Aunque tras esos sueños, las ideas siempre naufragaban antes de ni tan siquiera tocar un primer boceto. Continue reading

